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jueves, 28 de septiembre de 2017

El problema es el régimen de partidos:ruptura democrática ya.

El problema de España es el régimen de partidos, no Cataluña; y el problema de Cataluña es el régimen de partidos, no España.

En el régimen de partidos, los partidos luchan unos contra otros y todo vale para conseguir sus fines; y lo vemos en Cataluña: unos, los de ámbito nacional usan las leyes y el camino de lo judicial como armas arrojadizas,  y otros los de ámbito regional usan a la gente y los sentimientos nacionalistas.

El arsenal legal, es decir: Constitución, tribunal constitucional, poder judicial, ley mordaza etc.,   lo ha venido preparando el régimen durante 40 años utilizando sus mayorías absolutas y el consenso, y ello por medio  de sus representantes elegidos en las listas electorales en el Parlamento. 

Por su parte los partidos nacionalistas, también parte del régimen, han venido preparando a la gente  con  leyes autonómicas consensuadas o pasadas por mayorías (educación, policía autonómica, inmersión lingüística, prensa afín, corrupciones varias, interpretaciones interesadas de la historia, diadas  etc.), por sus representantes también elegidos por listas, siendo éstas más largas incluso que las de la elección en el parlamento nacional.

 Y es bien conocido que la base para el régimen de partidos es el consenso; y que  cuando ha habido consenso, la corrupción ha florecido y todos los partidos han tenido su parte de la tarta; y que ahora cuando no hay consenso el dialogo es imposible, viene la guerra de los partidos  y España se rompe.

Y todo ello con el pueblo como convidado de piedra de lo que sucede entre los partidos, y sin poder intervenir más allá del estupor que  produce una situación en la calle cada vez más encendida. 

Y la solución al problema catalán y español no es la sedición de Cataluña, ni mucho menos la declaración de  independencia de Cataluña en una república independiente, de partidos naturalmente (otro régimen de partidos); ni por supuesto meter en la cárcel a casi la mitad de la población de Cataluña por sediciosos o rebeldes.

La solución pasa por quitar la causa profunda del problema: el régimen de partidos, y sustituirlo por un régimen democrático de libertad colectiva (1); este régimen permitirá  a los gobernados de toda España incluida Cataluña, elegir a sus gobernantes directamente, sin listas, en circunscripciones uninominales para los diputados de distrito y en circunscripción  única para el presidente de Gobierno, a doble vuelta, en elecciones diferentes para asegurar la independencia de los poderes ejecutivo y legislativo y que a su vez asegure la independencia del poder judicial.

No se trata de quitar o prohibir los partidos, se trata de quitar el régimen de partidos que les hace los dueños de la política, y sobre todo de cambiar el sistema electoral proporcional y de listas que convierte a los diputados en representantes de los partidos en lugar de representantes de los votantes.

Quitar el régimen de partidos del 78 e implantar en su lugar un régimen de libertad colectiva aporta muchas ventajas que la gente de bien tendría que saber, para en su caso demandar el cambio. Aquí se comentan algunas de ellas.

Leyes del pueblo vs leyes del régimen del 78

En el régimen de partidos las leyes las hacen y las administren los representantes de los partidos. La situación que presenta la cuestión catalana es un ejemplo de ello donde el régimen ha permitido que los partidos nacionales hayan preparado en el Congreso de España su arsenal legal, y a los partidos nacionalistas que hayan preparado su arsenal de regulaciones en el Parlamento catalán, para exacerbar el sentimiento nacionalista y su huida hacia adelante con un referéndum imposible.

En cambio en el régimen de libertad colectiva las leyes la hacen y las administran los representantes de los votantes lo que imposibilita la redacción de leyes ad hoc de cualquiera de las  partes. 

El Congreso de España y el Parlamento catalán serían en este nuevo régimen de libertad  el campo de juego que facilitaría el dialogo que en el régimen de partidos resulta como vemos imposible. 

Los distritos electorales tendrían la posibilidad de forzar a sus representantes a que dialogaran con los representantes de otros distritos, formaran grupos de trabajo etc. y ello en cualquier terreno incluyendo los terrenos vedados por las mayorías absolutas actuales.

En el régimen de libertad colectiva los partidos no tendrían la posibilidad de implicar a la ciudadanía para dirimir sus diferencias, y mucho menos en las calles, al contrario de lo que pasa ahora.

Proximidad vs distanciamiento.

En el régimen de partidos hay distancia entre los políticos y los votantes, que solo se acorta en los periodos  de campaña electoral, cada cuatro años. Los votantes no conocen de cerca a los candidatos, excepto a los primeros de las listas, y a éstos solo a través de los medios de comunicación y las campañas de Marketing.

En el régimen de libertad colectiva, en cambio, hay cercanía entre los candidatos y sus votantes porque son éstos, los candidatos, los que tienen que acercarse a las circunscripciones y exponer sus propuestas a los vecinos para conseguir su confianza y, en su caso el nombramiento de Diputado de distrito (DdD).

En el régimen de partidos, durante la legislatura los ya diputados son representantes de sus partidos y no aparecen por la circunscripción: están siempre en Madrid o en las sedes de sus partidos.

En cambio en el régimen de libertad colectiva los DdD trabajan entresemana en el Parlamento y los fines de semana en su oficina de la circunscripción atendiendo las necesidades de los vecinos.

Disciplina de partido vs mandato imperativo del votante sobre el DdD.

En el régimen de partidos hay disciplina de partido y el diputado sigue las consignas de voto que le indican las cavernas de su partido, mientras que en el régimen de libertad colectiva no hay disciplina de partido: son los votantes de la circunscripción los que le indican al DdD semanalmente y en persona sus necesidades, para que en el Parlamento vote en consecuencia y les represente adecuadamente.

Encuestas vs contacto presencial

En el régimen de partidos se necesitan las encuestas para que los partidos conozcan muchas de las necesidades de sus votantes,  mientras que en el régimen de libertad colectiva los DdD conocen las necesidades de sus votantes por contacto semanal directo con ellos.

Campañas de MKT vs campañas minimalistas

En el régimen de partidos el MKT tiene una importancia extrema y se basa en que “una mentira repetida 1000 veces se transforma en una verdad” y de ahí la importancia de las campañas de marketing y la financiación de los partidos para pagarlas. 

En el régimen de libertad colectiva en cambio, las campañas electorales no existen como tales porque el contacto de los candidatos con los votantes se lleva a cabo por ejemplo en los locales de las asociaciones vecinales, o en los mismos despachos de los disputados de distrito; aquí  no hacen falta mítines de masas en las plazas de toros, o en los estadios,  ni  carteles en las calles, ni banderas, ni anuncios en prensa ni meriendas del partido para sus afiliados. 

Nada de eso es necesario en el régimen de libertad colectiva para elegir a los diputados de distrito.

Poder revocatorio del distrito frente a la confianza del partido

En el régimen de partidos el diputado solo necesita la “confianza del partido” para mantenerse en su puesto y los votantes no pueden hacer nada para revocarle el mandato, solo el partido puede. En cambio en el régimen de  libertad colectiva solo el distrito le elige y si no cumple lo que se dijo en campaña tiene poder de revocarle el mandato y elegir a otro.

En resumen

Todo son ventajas para la gente en el sistema de libertad colectiva comparado con el régimen de partidos instaurado en el 78.

El régimen de 78 actual no es un régimen democrático sino que es un régimen de oligarquía de partidos, continuación del régimen anterior (recordemos el famoso: “todo que atado y bien atado”), con alguna diferencia.

 Una que antes había un solo partido estatal: la Falange, y ahora hay varios partidos estatales: PP, PSOE, CIUDADANO, PODEMOS, PNV, CyU (ahora PdCat), ERC, etc. 

Otra: que el régimen ha otorgado una carta de libertades personales (expresión, reunión etc.) que no había durante la dictadura.  Lo cual no es suficiente porque lo mismo que se otorgan libertades, el régimen las puede quitar como ha sido el caso de la Ley Mordaza; y que no es lo mismo un régimen de libertad colectiva donde la libertad reside en el pueblo, que un régimen de libertades otorgadas, y el Régimen del 78 es un régimen de libertades no un régimen de libertad colectiva.

Dicen los protagonistas de la  Transición del 78 que no fue posible la ruptura democrática con el antiguo régimen en ese momento por causa de un supuesto “ruido de sables” o peligro de intervención militar; y que la apertura democrática no pudo ser mayor. Puede que ese fuera el caso aunque A. G. Trevijano protagonista de excepción de sucesos de esa época lo desmienta; pero ahora ese ruido de sables no existe. 


La cuestión catalana que vemos estos días presentará a partir del 2 de Octubre una oportunidad para realizar la ruptura democrática que no pudo llevarse a cabo en el 78. Quizá no tanto estamos ante un problema como ante una oportunidad. 

Aprovechémosla por el bien de todos.

(1) Concepto tomado de D. Antonio Gª Trevijano.

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